Un festejo ilusorio

Tras la reciente aprobación de la Cámara de Diputados respecto de un segundo retiro del 10% de las pensiones, llama la atención que el principal argumento utilizado por quienes apoyaron esta medida sea que, aparentemente, ha habido una negligencia por parte del Estado en cuanto al “escueto” apoyo que estaría ofreciendo a las familias chilenas para enfrentar este difícil momento. ¿Qué tan cierta es esta creencia? ¿De verdad han sido insuficientes los recursos entregado por el gobierno para hacer frente a toda esta situación?

Nadie puede negar que desde Hacienda ha hecho un notable trabajo, dentro de los límites técnicamente pertinentes y democráticamente acordados, para contribuir a la superación de la crisis. En total, Chile ha movilizado el 8,4% del PIB en apoyo a los hogares; la cifra más grande de Latinoamérica. De este, las transferencias en efectivo del gobierno significaron el 2,3%, cifra que solo empequeñece al compararse con el 5,45% del PIB, el cual superó a la misma estimación de la baja de ingresos salariales de este año producto de la crisis (2,4% del PIB) y que además le costará al Estado 1,2% en concepto de Pilar Básico Solidario y otras ayudas. Por otra parte, no olvidemos que también se realizaron inyecciones a programas de reactivación que, desde otro foco, también tienen como objetivo ayudar a las familias y trabajadores de Chile.

Dicho esto, es sorprendente ver como personajes de la política -incluyendo a algunos del oficialismo- usan la falsa premisa de que “el gobierno no ha hecho nada o no llegó”, como sustento para aprobar una opción tan nefasta. A esto se suma lo difícil que es creer en quienes promovieron un retiro excepcional y ahora van por un segundo, y en quienes se opusieron tan tajantemente en primera instancia, pero hoy parecen estar de acuerdo. Intento encontrar una relación entre estas presunciones y lo que expone la evidencia, pero faltan razones para pensar que un segundo retiro podría ser una buena idea, especialmente considerando la forma en la que quedó legislado y que se advirtió que al hacer el primero se abriría una puerta que costaría mucho cerrar, poniendo así en jaque las jubilaciones y ayudas destinadas a los pensionados.

De nada sirve hacer la vista gorda al mañana. Asegurar a las personas que no importa lo que se haga hoy con sus recursos con tal de resolver los problemas actuales, es dejarlas sin certeza alguna para el futuro. Este, supuestamente, brillante argumento de que el gasto público debiera concentrarse exclusivamente en lo temporal, quita todo tipo o grado de sustentabilidad tan necesaria para cualquier tipo de política aplicada y seria. Cuestión aún más compleja si se considera que en el mediano y largo plazo, los más afectados no serán otros que -una vez más- los más vulnerables. ¿Entonces qué es lo que hay que festejar? ¿Un parche momentáneo que solo tapa la herida, pero que no la cura? Si vamos a discutir soluciones para los ciudadanos -necesidad que no niego, es sumamente importante-, hagámoslo sin vender ilusiones efímeras, ni mintiéndole a las personas. Aquello no es más que pan y circo para hoy, pero hambre y descontento social para mañana.

Autor:

Sebastián Izquierdo R.

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