El rostro humano del crecimiento económico

Desde la Revolución Industrial, la cual comenzó a desarrollarse en el siglo XVIII, la creación de riqueza global ha sido un hecho sin precedentes. Este fenómeno, potenciado por un boom productivo que abrió en masa puestos de trabajo, cambió radicalmente la vida de millones de familias que comenzaron a escapar de la extrema pobreza, lo cual había sido la norma durante miles de años. La causa principal de este acelerado progreso era una: el crecimiento y desarrollo económico.

Lo ocurrido hace unos siglos en muchos países, también sucedió en Chile, especialmente en las últimas décadas, donde hubo un avance notable en la mejora de la calidad de vida de toda la población. Uno de los grandes logros del país fue haber disminuido de forma importante la cantidad de familias en situación de pobreza, gracias al aumento que experimentaron los ingresos autónomos con mayor énfasis en los deciles más bajos. Al respecto, el ex Ministro de Hacienda Rodrigo Valdés, escribió un informe para Harvard Kennedy School que detalla la variación del ingreso per cápita en Chile y cómo este había ascendido en mayor proporción en los grupos más bajos de la distribución. Lo anterior, como es de esperar, provocó una reducción, no solo de la pobreza, sino que también de la desigualdad económica.

El aumento de los ingresos y, en consecuencia, la reducción de la pobreza, tuvieron un fuerte motor: el crecimiento económico. Tal como desarrollan Paulina Henoch y Juan Ramón Larraín en un informe publicado en 2015, una gran parte de la disminución de la pobreza tuvo como causa el desarrollo económico constante del país desde 1990. Esta tesis la refuerza Rodrigo Valdés en su estudio afirmando que el impulso económico del país fue trascendental para el progreso.

Sin embargo, desde hace algunos años se ha instalado en el mundo, y especialmente en Chile, un osado relato de que el crecimiento es solo una cifra con un reducido impacto en la vida de las personas. Para dicha hipótesis, el aumento exponencial del PIB per cápita de nuestro país había sido un mero adorno numérico. Pero no. Los procesos históricos del mundo y de Chile dejan en evidencia que el auge económico se tradujo en mejoras concretas para la vida de muchos.

Hoy, en medio de una crisis económica que está destruyendo riqueza de una forma avasalladora, el crecimiento (o decrecimiento) económico nos da un portazo en la cara. Las proyecciones de reducción del PIB en más de un 5% en Chile y el mundo y los números de pobreza a corto plazo, nos muestran un futuro desalentador. Con esto, muchas familias que ya habían dado un gran paso para escapar de la pobreza, volverán a una situación más incierta y compleja.

Lamentablemente, 30 años de avances en Chile no fueron suficientes para aleccionarnos sobre la importancia del progreso económico y su rostro humano, sino que tuvo que caernos encima una dura recesión para darnos cuenta de su relevancia. Espero ahora que aquellos portavoces de este relato que subestima el crecimiento, lo dejen a un costado y piensen, sin vendarse los ojos, cómo recuperar todo lo perdido social y económicamente.

AUTOR

Ariel Kauderer.

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