Recesión covid-19 y recuperación

Aunque esperada por muchos, la recesión mundial del 2020 resultó ser más intensa que lo anticipado y fue causada por un fenómeno que pocos previeron: el covid-19.

Esta crisis mundial es muy distinta a las previas. Constituye un doble shock de oferta: la pandemia misma y las cuarentenas masivas impuestas esta vez (no así en pandemias previas) por los gobiernos, para acotar los costos humanos directos. Las cuarentenas limitan la movilidad de las personas, imposibilitan la actividad y el empleo de vastos sectores productivos y disminuyen la efectividad de las políticas de estímulo. Esto causa una gran contracción de la demanda privada: caen el consumo y la inversión, en respuesta a la pérdida de movilidad e ingresos, y a la mayor incertidumbre. Así, el mundo ha caído en la recesión más sorpresiva, global e intensa desde la Gran Depresión de 1929-33, aunque será de una duración más breve.

Lo que aprendimos de la Gran Depresión es que ahí se aplicaron políticas económicas contractivas que contribuyeron a la profundidad y duración de la recesión. Aprendimos lo contrario de la Gran Recesión de 2008-09: las políticas fueron muy expansivas y exitosas, limitando la caída del PIB e incentivando una recuperación más rápida.

Desde marzo de 2020, los gobiernos de muchos países, incluido el nuestro, están aplicando las políticas económicas más expansivas de la historia económica mundial. Son parecidas en sus instrumentos a las aplicadas en 2008-09, pero son de montos muy superiores. Los países exitosos en el control de la epidemia están levantando las cuarentenas, comenzando una parcial recuperación de su actividad económica. Las bolsas mundiales han respondido con entusiasmo a las políticas de estímulo y a la normalización sanitaria, apostando por una vigorosa recuperación. Aunque toda estimación de variables económicas es muy incierta aún, mis proyecciones para el PIB mundial son de una caída de 5% en 2020 y un aumento de 6% en 2021.

En Chile, el control sanitario a través de las cuarentenas ha sido poco exitoso, debido a la resistencia de parte de la población a respetar la cuarentena. Siendo uno de los países con más bajas tasas de mortalidad sobre los contagiados (1,2%), Chile tiene el récord mundial de contagiados sobre la población nacional (0,68%) (datos para junio, Johns Hopkins University). Si esto se revierte y logramos controlar los contagios, levantándose las cuarentenas en junio-julio, la actividad llegaría a su mínimo en julio y comenzaría una recuperación económica en agosto. En este escenario –altamente incierto–, el PIB de Chile caería entre 7% y 9% en 2020 y aumentaría entre 4% y 8% en 2021.

Para mitigar la crisis económica y social, las autoridades han adoptado rápidamente políticas expansivas en montos importantes, utilizando instrumentos de aplicación transitoria y coordinada entre el Ministerio de Hacienda, el Banco Central y la Comisión para el Mercado Financiero. Estas políticas están focalizadas en sostener el sistema de salud, proteger el ingreso y el empleo de las familias vulnerables, y extender créditos de emergencia a las empresas.

Como las cuarentenas obligatorias continúan y la recesión se profundiza, se requiere un más estricto control sanitario y una extensión de los programas de emergencia y su posterior reemplazo por programas de reactivación.

El Gobierno y el Congreso están acordando un nuevo paquete de medidas fiscales para 2020-21, tanto para la emergencia como para la reactivación, asesorados por una comisión transversal de economistas, que presentará sus propuestas durante esta semana. El acuerdo fiscal que finalmente adopte el Gobierno con el Congreso deberá velar por la aplicación transitoria de estas políticas, a fin de controlar sus elevados costos fiscales, asegurando una pronta corrección fiscal, que lleve a una estabilización de la relación entre la deuda pública y el PIB, en pocos años. Dicha trayectoria fiscal y su credibilidad se verían significativamente fortalecidas por dos urgentes reformas del marco fiscal: el otorgamiento de mayores atribuciones y recursos al Consejo Fiscal Autónomo, y una reforma esencial de la regla fiscal, agregando una meta de deuda/PIB de mediano plazo e institucionalizando la aplicación de cláusulas de escape en situaciones de crisis.

Chile enfrenta una situación muy difícil, plena de incertidumbres. Además, Chile crece sistemáticamente menos que el mundo desde 2014, después de 25 años en que el país crecía más que el mundo. El crecimiento tendencial de Chile ha caído a la mitad: desde un 4,0% en 2011-13 a un 2,0% proyectado para 2019-2022. Para salir de la crisis y reconstruir las bases del crecimiento requeriremos plena coordinación entre las autoridades, un Congreso que esté a la altura de la situación y políticas de emergencia, reactivación y crecimiento muy bien diseñadas, negociadas e implementadas.

AUTOR

Klaus Schmidt-Hebbel.  

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