Qué recibimos y qué heredaremos

La mayoría de las encuestas de opinión muestran que gran parte de los habitantes de nuestro país dicen vivir mejor que lo que vivieron sus padres. Es claro, Chile ha progresado en los últimos 40 años como nunca en la historia, y por lo tanto, un número importante de quienes estamos en la adultez mayor, recordamos la precariedad material de Chile hace décadas atrás, cuando éramos niños y jóvenes. La desnutrición infantil, la falta de vivienda, el frío, la pobreza cultural, el poco acceso a bienes de consumo, la poca infraestructura pública y la alta cesantía formaban parte de ese paisaje.

Es evidente que el advenimiento de la democracia, la apertura a los mercados internacionales, gobiernos serios y buenas políticas públicas, permitieron dar sustento a un vigoroso crecimiento económico y con ello dieron paso a un mejoramiento de las condiciones materiales de vida para la población y a una fuerte reducción del principal flagelo social de la pobreza extrema. 

Sin embargo, las manifestaciones sociales que hemos visto desde el 18 de octubre del año pasado y el actual debate político polarizado ante la gran pandemia, ponen en tela de juicio los fundamentos que cimentaron el Chile de hoy, y consecuentemente, surgen las dudas respecto de cuáles deben ser los pilares sobre los que construiremos el Chile del futuro.

Para los que rondamos los 50 años, es patente que la actual construcción social se ha logrado con un tremendo esfuerzo de varias generaciones. En efecto, a nuestros padres les tocó vivir la fractura social más importante,  que terminó con la pérdida de la democracia y la instalación de una dictadura por un largo período. Fueron años tristes y duros, pero que, posteriormente, lograron ser superados a base de mucho trabajo y de acuerdos políticos que, por más de 30 años, permitieron alcanzar la mejor época del desarrollo de Chile, al punto de transformarlo en un líder y ejemplo en Latinoamérica.

Desafortunadamente, lo que hemos vivido este último tiempo nos evoca los peores años de décadas pasadas, con una sociedad desorientada y dividida, cual grupo de exploradores con la brújula extraviada, y en que frente al desafío común de seguir progresando en paz, equidad y justicia, aparecen opiniones muy distintas, sin capacidad de adoptar acuerdos de hacia dónde transitar mancomunadamente, especialmente en momentos que la pandemia arrecia y necesitamos estar unidos en una mirada común. 

El momento que vivimos es de profunda crisis, y como ha sido demostrado a través de la historia, las crisis significan cambio, momentos únicos en lo que usualmente se toma un nuevo destino, una nueva dirección, una nueva ruta; a veces son cambios suaves, otros moderados, pero también los hay muy radicales. 

En los próximos dos años Chile definirá su futuro. Tenemos por delante lo contingente cercano: enfrentar sanitariamente la pandemia para evitar la muerte de más compatriotas; a continuación, sin pausa, la necesaria recuperación económica que, no tengo duda, se basará en la misma capacidad que tuvieron nuestros padres de esforzarse por sacar al país de la pobreza en los años ‘80 y ‘90. En esta tarea, el esfuerzo de los emprendedores y trabajadores es y será irremplazable. 

En el mediano plazo, vendrá la discusión política sobre el marco constitucional y la estructura del Estado que queremos tener para las próximas décadas. 

En un breve periodo de tiempo, tendremos en nuestras manos el devenir de nuestros hijos y generaciones futuras.

Toda construcción de buena calidad, bella, armoniosa, justa, robusta, sostenible y acogedora requiere de mucho esfuerzo. La naturaleza nos entrega sus grandes maravillas, pero somos los hombres los que tenemos que levantar con dedicación, inteligencia, sabiduría y justicia; tanto las obras materiales como la estructura social. 

Nada es regalado para los hombres, por eso tenemos que reflexionar acerca de nuestra actitud frente a la crisis que estamos viviendo. Estoy seguro que todos agradecemos a nuestros padres por lo que somos. Ahora nos toca preguntarnos ¿qué país le heredaremos a nuestros hijos?

 

AUTOR

Javier Álvarez.

 

*Publicada en El Sur.

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