Propuestas desequilibradas

Se quiera o no, nadie puede negar que el Gobierno ha tenido un despliegue bastante sorprendente -con aciertos y desaciertos-, en pos de intentar dar respuestas en esta crisis que se ha desatado tras los sucesos del 18 de octubre de 2019 y la llegada de la pandemia. No por nada la CEPAL y el FMI nos posicionaron en 2020 como uno de los países con más estímulo fiscal, lo que conversa con las cifras entregadas por el Banco Central. Estas indican que, gracias a la inyección de liquidez, en promedio -pues no se puede desconocer que hubo falencias-, todos los quintiles superaron la pérdida de sus ingresos laborales; en el caso del grupo más vulnerable, las transferencias por parte del Estado fueron especialmente importantes. A esto debemos sumar también la ágil acción que se ha tenido respecto a la vacunación masiva para protegernos del Covid-19.

Dicho lo anterior, si bien no sorprende ver que para la oposición nada baste -cosa que ha quedado más que clara con la exigencia de una nueva negociación en caso de aplazar las votaciones de abril-, sí llama la atención que dos candidatos presidenciales del oficialismo se sumaran a dicha tónica. Ni los USD$ 12.000 millones ya inyectados, ni los USD$ 6.000 adicionales que anunciaron la semana pasada parecieran ser suficientes para apaciguar la sed insaciable que algunos tienen por aumentar la estima popular. Está claro que siempre todo es perfectible y que el deseo es poder entregar absolutamente todas las herramientas a quienes las requieren para sortear esta crisis, pero, ¿conversa siempre la ilusión con lo posible y perdurable?

Con esta disyuntiva se han estrellado gran parte de aquellas propuestas que se engendran con la lógica de que cualquier monto y forma de gasto es justificable, con tal de no perder la batalla de quién ofrece más, incluso a pesar de que dicho egreso provenga de los ahorros de la gente. ¿O no es acaso esto lo que ofrece, por ejemplo, la idea de vaciar el fondo del Seguro de Cesantía para entregárselo a quienes sí están trabajando, sin siquiera ayudar a todos los informales? Lo más riesgoso de esto es que, si sumamos dicho método al contexto electoral, se puede caer en una lamentable demagogia que entregue a la gente pan para hoy y hambre para mañana.

Encabezar un buen Gobierno requiere de personas capaces de apoyar a quienes no tienen la posibilidad de acceder a mejores opciones por cuenta propia, comprendiendo que debe existir un equilibrio entre el uso de los recursos que se tienen hoy, con la posibilidad de hacer frente a los desafíos que impone el futuro. Aún queda mucho para resolver tanto los problemas de la crisis como aquellos que arrastramos desde antes, y debiésemos esperar que los candidatos no se aprovechen de la esperanza y necesidad de las personas, utilizándolas como señuelo para obtener aprobación. No olvidemos que el periodo de inflexión que vivimos definirá quiénes serán las personas que dirigirán nuestra futura administración, la cual se extiende cuatro años más allá del tiempo de campañas. No vaya a ser que al vendedor de sueños ya no le quede nada para ofrecer.

AUTOR:
Sebastián Izquierdo R.

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