Juan Carlos Said: Polución, una mirada diferente al cambio climático

El negacionismo está de moda. El hombre no llegó a la luna y las vacunas no sirven. Ahora el asunto llegó al cambio climático. Algunos parecen dudar de la gravedad de este fenómeno y de la necesidad de tomar acciones rápidas. El problema es quizás que confiamos excesivamente en nuestros sentidos. Las consecuencias del cambio climático las estamos viviendo como eventos de clima extremo y severo, sin embargo, la mayoría de las personas no ve su vida lo suficientemente alterada como para motivarse a actuar. Muchos piensan que las predicciones de sequías, derretimiento de los hielos polares, aumento del nivel de las aguas y refugiados a causa del cambio climático son una exageración y que es mejor no hacer nada. Esto es un error, pero en un contexto adverso a la ciencia, ¿qué hacer para impulsar la tan necesaria acción?

Una opción es mover el debate hacia la contaminación del aire. La polución es visible. Podemos negar el cambio climático, pero es difícil negar que una nube negra flota todos los días sobre Santiago y sobre muchas ciudades del sur de Chile, como Coyahique, la ciudad más contaminada de Latinoamérica. Más aún, los efectos a la salud son directamente perceptibles. Todos los chilenos sufren directa o indirectamente sus consecuencias: un hijo asmático que se ahoga cuando la calidad del aire es peor, un abuelo que tose y se hospitaliza más en invierno o un familiar que no fumaba y desarrolló cáncer de pulmón.

Si bien es cierto que la contaminación del aire ambiental no es lo mismo que el cambio climático, ambos están íntimamente relacionados. Los gases que producen el cambio en el clima, provienen de la misma fuente que la polución que nos enferma: la quema de combustibles para autos, fábricas o calefacción. Más aún, el problema de la polución no sólo es visible y evidente, sino que su magnitud y consecuencias, medidas por la ciencia, también son dramáticas.

Las partículas de polución que más dañan la salud son las MP 2.5, cien veces más pequeñas que un grano de arena, que se originan en la quema de leña, bencina o diesel. Hoy en día existen recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que establecen límites sugeridos para estas partículas en el aire. Sobre estos límites, los daños a la salud son seguros, tanto por la exposición a largo plazo como por la exposición durante días o meses. Sin embargo, hoy no existe ninguna comuna de Santiago que cumpla con estos límites. Más aún, comunas ricas como Las Condes pasan casi cien días al año sobre la norma. Comunas de menores ingresos, perjudicadas por cómo se ventila naturalmente la ciudad, presentan uno de cada tres días al año sobre la norma (Cerro Navia, el Bosque, Independencia, La Florida, Pudahuel).

Las consecuencias de esto son 5.600 muertes al año en Chile producidas por la polución. Se estima que 19% de los casos de cáncer de pulmón, 16% de los infartos y 11% de los accidentes vasculares estarían directamente relacionados con ella. A esto hay que sumar la mayor frecuencia de enfermedades respiratorias como asma y enfisema pulmonar. Más aún, la polución es una fuente de inequidad: afecta más a los países más pobres y, dentro de estos, más a las personas de menos recursos, a los niños y a los adultos mayores.

Finalmente, si alguien no cree en el cambio climático, negar la polución visible a simple vista y sus consecuencias resulta casi imposible. La buena noticia es que la solución a ambos problemas tiene un gran punto en común: reducir drásticamente la quema de leña y combustibles fósiles en general. Hacerlo es urgente, no sólo porque la temperatura de la tierra va subir 1,5 ° en los próximos veinte años, con potenciales consecuencias catastróficas, sino también porque cada día a dieciséis chilenos los mata el aire que respiran.

El Libero
By | 2019-10-04T10:17:09-03:00 3 octubre 2019|Columnas de opinión|Comentarios desactivados en Juan Carlos Said: Polución, una mirada diferente al cambio climático

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