Perdón por decir la verdad

La discusión política se ha tornado tensa en las últimas semanas, en gran parte debido a la idea de posibilitar el retiro del 10% de los fondos de cada afiliado de la AFP. La economista Paulina Yazigi, escribió dos columnas al respecto sobre su oposición al proyecto con argumentos sólidos y bien fundamentados. Entre dichas razones se encontraban las disminuciones que sufrirían las pensiones y la regresividad de la medida.

Ambas columnas se difundieron en forma amplia por redes sociales y las críticas no tardaron en llegar. Por una parte, algunos tildaban a Yazigi de poco empática y, por otra, afirmaban que el Gobierno y las AFP le pagaban para defender sus intereses. Además, a eso se le sumaron reproches infundados al sistema de pensiones que no se pueden obviar al momento de discutir sobre este importante tema.

Luego de este rechazo mediático, la economista tuvo que salir a defenderse en su twitter, aclarando que nadie le pagaba por opinar y explicando aspectos básicos del sistema mencionados en su columna y que prácticamente ninguno de sus detractores manejaba. Si bien lo de Yazigi está lejos de ser un intento de censura, nos deja varias enseñanzas.

En primer lugar, el debate público ha quedado envuelto en un clima de intolerancia y polarización, donde la contraparte es vista como un rival a derrotar. Este ambiente de fanatismo no hace más que profundizar la desconfianza en nuestras instituciones y extinguir de a poco las voces políticas contrarias, minando la pluralidad de opiniones.

En segundo lugar, se ha perdido el valor de la evidencia en el debate político, lo cual se refuerza cada vez más con el tiempo. Frente a la propuesta del retiro del 10% de los fondos, la gran mayoría de los expertos se opuso a esta iniciativa, sin embargo, gran parte de la clase política optó por apoyar este proyecto, a pesar de no tener un respaldo técnico suficiente. Y para qué hablar sobre la discusión con respecto a nuestro sistema de pensiones en general, el cual ha estado dominado por consignas bastante vacías, de las cuales Paulina Yazigi fue víctima.

Como última enseñanza, aquellos que defienden ideas impopulares, pero que son bien fundadas, no deben dejarse callar por los reproches de aquellos que suponen tener una superioridad moral. Los grandes problemas que tiene nuestro país no van a ser solucionados con eslóganes, sino que con políticas públicas sustentadas en la evidencia. En ese contexto, es deber de todos los que valoramos el diálogo racional revivirlo y promoverlo, para que nunca lleguemos a tener que pedir perdón por decir la verdad.

AUTOR

Ariel Kauderer.

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