No solo importa el gasto

Más que por ser una buena medida con sustentos técnicos, la reciente aprobación del retiro de una fracción de los fondos de las AFP en la Cámara de Diputados, es justificada por la percepción de carencia de un marco de políticas que asegure un apoyo financiero a los estratos afectados de la sociedad chilena tras la pandemia.

Ahora bien, lo cierto es que el gobierno ha puesto en marcha un gran número de programas que, de manera progresiva, y a medida que la pandemia se ha ido extendiendo y sus efectos económicos encrudeciendo, han cubierto un porcentaje mayor de hogares con beneficios cada vez grandes. De manera más reciente, se ha anunciado -con poco espacio para explicarle a la ciudadanía- un conjunto de medidas destinadas especialmente a aliviar a la clase media, con el claro objetivo político de impedir la aprobación del retiro de fondos antes mencionado. Con todo, se formó una compleja red de apoyo estatal, involucrando montos con poco o ningún precedente en la historia nacional, que logra cubrir a un gran porcentaje de la población.

A pesar de ello, la crítica a la insuficiencia de las políticas continúa. En efecto, existe la sensación generalizada de que la existencia de la famosa “letra chica”, sólo una pequeña fracción de familias ha logrado ser beneficiada. Esto, ciertamente, se puede entender como resultado de políticas que tienen un nivel más o menos sofisticado de focalización; hoy contamos con un número de distintas ayudas con diferentes requerimientos técnicos para calificar como beneficiario. Naturalmente, el objetivo de esto es lograr el mayor impacto con los recursos disponibles. No obstante, esto no necesariamente es apreciado por la ciudadanía, al no ser siempre fácil de entender. Al respecto, no cabe duda que uno de los atractivos del retiro de ahorros privados es la universalidad y simplicidad de la figura: “a todos les va a tocar algo”.

Si a lo anterior se le suman problemas relacionados con la falta histórica de modernización del aparato público, los cuales impiden la entrega inmediata de los beneficios a aquellos que realmente lo necesitan, e inciden negativamente en la experiencia que la ciudadanía tiene con los servicios del Estado, el problema se vuelve peor. Estos van desde la falta de información acabada que permita una focalización completamente satisfactoria a, simplemente, la imposibilidad de hacer llegar la ayuda debido a la falta de conexión o conocimiento por parte de la población.

Como resultado de lo anterior, los esfuerzos realizados por el gobierno no necesariamente repercuten de forma positiva en la opinión pública. Así, sin importar cuánto dinero se comprometa, la sensación de insatisfacción se mantendrá intacta. Al respecto, entonces, cabe repensar el valor de un marco de política más sencillo, así como también el de una estrategia de comunicación e implementación efectiva. Gobernar también es comunicar y, quizás, invertir en este ámbito solo una fracción de lo ya comprometido, logre evitar el triunfo en el Senado de una propuesta que va en detrimento del bienestar de las familias.

AUTOR

Alfredo Maira.

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