Las fichas donde corresponden

El último tiempo el Estado ha vivido una gran avalancha de demandas ciudadanas, las cuales van desde mejores pensiones, una reducción en las tarifas de los servicios básicos, y un perfeccionamiento al sistema de salud, entre otras. A eso debemos sumar el gasto asociado al control de la pandemia, los recursos para paliar la pérdida de ingresos de los hogares y financiar un ambicioso plan de reactivación, todo esto, en el contexto de una drástica reducción de los ingresos fiscales. Lograr metas como las aquí descritas, requiere, indispensablemente, de mayores compromisos que fortalezcan la eficiencia y transparencia del gasto público, que, por lo demás, ha aumentado en un 65% si comparamos los años 2009 y 2019. En otras palabras, estamos gastando más, lo que no necesariamente significa que estamos gastando mejor.

Actualmente se está discutiendo y analizando en el nivel superior del Gobierno el proyecto de ley de presupuesto que debiese ser presentado a más tardar el 30 de septiembre. Estamos en un momento clave para hacer un ejercicio ético que garantice a la ciudadanía que sus recursos están llegando a quienes y donde más se necesitan, para que de esta forma se produzca un gasto eficiente y efectivo en la misión que tiene el aparato estatal en cuanto a generar más y mejores opciones que permitan mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Precisamente este es el principal objetivo que tiene la propuesta que presentamos hace un tiempo desde Horizontal. El Presupuesto Base Cero (PBC) nos entrega la posibilidad de reflexionar cómo utilizar nuestros recursos, y así rediseñar el presupuesto según las principales necesidades que estamos teniendo como país. Esto es verdaderamente importante, especialmente si consideramos que, según el BID, en Chile experimentamos una ineficiencia técnica del gasto público que alcanza el 1,8% del PIB, lo cual es equivalente a un 8% del presupuesto -esto se traduce en una cifra en torno a US$ 5.600 millones-.

La evidencia nos ha demostrados que tenemos problemas relacionados a filtraciones en transferencias, malgasto en compras públicas y malgasto en remuneración a empleados; y como si fuera poco, además utilizamos recursos en programas que, por muy mala evaluación que tengan, siguen siendo financiados sin que cambie la manera en que estos se implementan. Esto no significa que aquellos deban ser eliminados de nuestra actividad, pero sí es fundamental que exista una reevaluación constante y exhaustiva que permita que el uso de los recursos no sea una inyección sin sentido.

Estamos en un momento clave para nuestro país, no sólo por todo lo que estamos viviendo en relación a lo social y político, sino además porque este mes se decide en qué se gastará la plata fiscal del próximo año -lo que no es menor si tenemos en cuenta los egresos que ya han debido hacerse producto de la crisis en la que estamos insertos-. El modelo del PBC ha posibilitado a Hacienda hacer una revisión profunda de la gestión y las primacías de los servicios públicos, para que las distintas reparticiones realicen propuestas presupuestarias con base en distintos escenarios de priorización. En pocas palabras, las fichas ya están tiradas; esperemos que estas logren responder a aquellas urgencias que afectan a los más vulnerables de nuestro país.

 

 AUTOR
 Sebastián Izquierdo R.
(Publicada en La Segunda).
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