Juan Carlos Said: La gran estafa

Recientemente nos hemos enterado, a través de un reportaje periodístico, que el gobierno no sabe cuánto se gasta en las llamadas “terapias complementarias” o “medicina alternativa”.

El asunto es grave. Algunas “terapias complementarias” son formas no tradicionales de mejorar ciertos síntomas y no postulan una nueva teoría médica. Un ejemplo es el uso de música o meditación para el manejo de la ansiedad, cuyo uso ha sido avalado por estudios científicos.

Otras terapias, en tanto, son propiamente “medicina alternativa”: pseudociencias que proponen una explicación fraudulenta de la salud y la enfermedad, que no tiene ninguna evidencia científica y, por lo tanto, no debería ser financiada con los recursos del gobierno.

El ejemplo más relevante de este tipo de fraudes es la homeopatía. Desarrollada por el médico alemán Hahneman en el siglo XVIII, propone la existencia de los “miasmas” como “causas profundas de la enfermedad”, que invaden el cuerpo producto de estados mentales negativos. Sostiene además que el tratamiento para toda enfermedad se basa en dar al paciente algo que produzca un síntoma similar a lo que tiene (de ahí el nombre homeopatía). Este tratamiento, consistiría en diluir casi infinitas veces el compuesto que produce estos síntomas y dárselo al paciente.

¿Es esto efectivo? La verdad es que no existe evidencia de los “miasmas”. Más aún, al estudiar los compuestos de la homeopatía, las diluciones son tan grandes que contienen casi sólo agua y el resultado final es el esperable: no existe ningún compuesto homeopático que haya demostrado servir para algo.

Esto fue confirmado entre otros por un extenso reporte del comité científico del parlamento inglés, que concluyó que la homeopatía es un placebo caro y que determinó, finalmente, que estos tratamientos no pueden ser provistos por el servicio nacional de salud británico. En Francia y Alemania ya ha sucedido lo mismo, y la homeopatía no puede ser reembolsada por los seguros de salud.

La medicina, como se desarrolló en Occidente, no es simplemente una de las posibles explicaciones respecto al origen de la salud y la enfermedad, sino la única que ha podido sustentar sus afirmaciones con una base experimental. No existen versiones alternativas de la física, es decir, una teoría completa que explique los eventos físicos presentes, como los movimientos de los astros, y sirva al mismo tiempo, para predecir sistemáticamente eventos futuros, como los eclipses. La astrología, lo más cercano a una “física alternativa”, es simplemente un sistema de creencias religiosas.

Del mismo modo, la “homeopatía” no es una “medicina alternativa”. No explica nada. Tampoco es complementaria, porque no ayuda ni complementa nada. Es simplemente una estafa.

En este sentido, dar financiamiento estatal a la homeopatía equivale financiar cátedras universitarias de astrología o alquimia o entregar subsidios gubernamentales a tarotistas para que hagan predicciones.

En Chile, en tanto, la experiencia de cualquier médico en un consultorio es que medicamentos y exámenes diagnósticos básicos de probada eficacia no están disponibles, por falta de recursos. Y los recursos: ¿dónde están? Ahora lo sabemos. Una parte indeterminada de estos se gasta en diversas terapias que, como la homeopatía, no sirven para nada.

Es necesario entonces, enmendar el curso, saber exactamente cuánto son estos recursos y asignarlos a terapias con base científica. Hacerlo no es simplemente un asunto de administración eficiente del dinero, sino un mandato ético. Dar a nuestros pacientes en hospitales públicos, tratamientos que sabemos no sirven para nada, o incluso hacen daño, tiene sólo un nombre: negligencia médica y es un delito.

El Líbero
By | 2019-07-15T16:08:50-03:00 11 julio 2019|Columnas de opinión|Comentarios desactivados en Juan Carlos Said: La gran estafa

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