Jaime Mañalich y Arturo Subercaseaux: Salud Justa

El ser humano es una especie en estado de desbalance. Cuando el hombre moderno aparece hace 130 mil años, biológicamente no habíamos evolucionado para soportar ni las presiones actuales del stress laboral en nuestra salud mental ni los niveles de contaminación, lo que produce una brecha evolutiva en la que nos reconocemos como inadaptados para las circunstancias en que vivimos. Por otro lado, la expectativa de vida se ha duplicado, lo que conlleva un cambio drástico en el perfil de enfermedades que afectan a la población. Así, el rol preponderante de la medicina hoy es atender esta brecha evolutiva y así, en este estado en que todos padecemos o somos vulnerables a alguna enfermedad crónica, poder corregir el desbalance en el que vivimos.

Más allá de lo técnico es un tema muy político: una enfermedad no sólo inhibe la calidad de vida, sino que nos hace más dependientes y menor es nuestra capacidad de desarrollar nuestros proyectos de vida, lo que en situaciones de vulnerabilidad puede constituirse como limitaciones muy sustantivas a la libertad. La atención de salud es un derecho humano exigible por todos como iguales ciudadanos, fijando mínimos que permitan evitar situaciones de indefensión. Es una parte integral de la seguridad social. Si bien nuestro índice Gini de ingresos puede mejorar, al menos en materia sanitaria tenemos garantías y transferencias de beneficios a los más vulnerables considerables, reforzados por instrumentos como el AUGE y la ley Ricarte Soto.

La bioética considera como fundamental en toda acción sanitaria la observación de cuatro principios: no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia. Pero ¿Qué es aquello que deberíamos entender por “Salud Justa”? Ante todo, será aquella que reconozca a todos como iguales ciudadanos y que promueva una distribución equitativa de los limitados recursos para maximizar los beneficios sobre la comunidad servida, favoreciendo la atención sanitaria de los grupos más vulnerables y evitando desigualdades.

Pero ¿Cómo impulsamos una reforma al sistema de salud que promueva la justicia?

En primer lugar, urge una reforma a FONASA, que lamentablemente pareciera relegada ante las discusiones sobre las ISAPRE, a pesar de garantizar cobertura sanitaria al 80% de la población. Si bien dentro de la OCDE Chile ha sido el país que más ha aumentado su gasto en salud en los últimos cinco años, acercándonos a la media (en promedio 8,9% del PIB gastado, versus 8,1% en Chile), ello no ha conllevado reformas que permitan reducir la burocratización, o aumentar la cobertura y financiamiento del sistema. Si se trata de justicia es imprescindible mejorar las protecciones a la clase media, a través de políticas como seguros catastróficos, topes más altos para la cobertura y una mayor transparencia en los precios, que al ser prestaciones valorizadas en montos inferiores al costo real imponen sobre las redes asistenciales costos subfinanciados y profundizan la deuda hospitalaria.

En segundo lugar, se requiere mayor justicia procedimental en la toma de decisiones de política pública. Existiendo un sinnúmero de intereses, a veces contrapuestos, entre actores en la salud pública –tales como asociaciones de pacientes, gremios y prestadores – esta debería orientarse hacia reglas imparciales y objetivas que permitan la igual consideración de dichos intereses, sin privilegios ni exclusiones en consideración de su capacidad negociadora. Ello requerirá además la capacidad de cada gobierno de disponer de los recursos necesarios para atender las necesidades conforme a sus prioridades, desde un análisis multidimensional de métricas epidemiológicas como mortalidad, incidencia, demanda social, entre otras. Discusiones recientes van en la dirección opuesta en tanto se busca una vía alternativa para establecer coberturas obligatorias por ley para materias específicas.

Hablar de justicia en el sistema de salud es un imperativo ético, no sólo porque mejores y más oportunas prestaciones médicas conllevarán una mejor calidad de vida para todos, y mejores protecciones frente a las vulnerabilidades que nos apremien, sino porque contar con garantías frente a la enfermedad reducirán la forma en que esta coarta nuestras libertades, promoviendo nuestra igual ciudadanía desde el sueño de una “salud justa”.

La Tercera
By | 2019-07-22T16:14:38-03:00 17 julio 2019|Columnas de opinión|Comentarios desactivados en Jaime Mañalich y Arturo Subercaseaux: Salud Justa

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