Hacia una cotización universal

Entre los grandes desafíos que debe enfrentar nuestro sistema previsional se encuentra el aumentar la base de cotizantes y la frecuencia con la que ahorran. En efecto, en Chile la densidad de cotizaciones es basa y heterogénea, donde solo un 10% lo ha hecho más del 85% de su vida activa, y en promedio, los hombres cotizan un 45% y las mujeres un 26%. Como el ahorro para la vejez se encuentra unido al trabajo con contrato, la fórmula actual tiende a castigar los periodos de desempleo y trabajo informal, lo que termina por deteriorar las pensiones de las personas más vulnerables, que son las que tienden a trabajar informalmente.

Resolver lo anterior exige buscar maneras para que las personas puedan cotizar con mayor frecuencia. Una de ellas es que se establezcan una adecuada regulación para que las personas trabajen formalmente. Sin embargo, al ser un tema del ámbito laboral, constituye un largo camino para atender un problema urgente.

Otra alternativa consiste en establecer nuevas formas de cotización en la vida cotidiana de las personas, como lo es el hecho de consumir. Esta se trata de una opción que no excluye a la necesidad de modernizar el mercado laboral. Más bien, aborda el problema señalado aprovechando las tecnologías disponibles, disminuyendo los costos de transacción para el ahorro. La penetración de la boleta electrónica, en este sentido, representa la oportunidad de hacerlo, con el desafío de asociar el RUT de las personas a sus respectivas cuentas de ahorro para la vejez en el acto en el que se compra algo. La ventaja más destacable que tiene esta medida es el potencial de universalizar la cotización, haciéndola accesible a cualquier persona, incluso siendo menor de edad. Esto se produce porque desliga el ahorro de la necesidad de trabajar con contrato, permitiendo que cualquiera pueda ahorrar para su vejez. Complementariamente, incentiva la formalización de los comercios.

Si bien la forma de implementación aún se encuentra en análisis, existen algunas experiencias que dan luz del cómo podría operar este “cuarto pilar” tanto desde el ámbito público como privado. En el primero se encuentra un proyecto de ley peruano en el que se propone que un 2% del Impuesto General a las Ventas (similar al IVA) sea transferido, al momento de consumir, a la cuenta de ahorro para la vejez de la persona. En el segundo, se encuentran algunas aplicaciones conocidas como “tecnologías pensioning”, que, al momento de pagar, adhieren un monto extra al total para que este sea dirigido a un fondo para la pensión.

Ahorrar para la jubilación a través del consumo no es la panacea, pero sí un factor que permitiría reforzar una de las más grandes debilidades de nuestro sistema previsional, consistente en la baja densidad de las cotizaciones. Del mismo modo, permitiría que las personas obtengan mejores pensiones. Considerando las tensiones que ha suscitado el sistema previsional, no solo en Chile, sino en el mundo, es que debemos ser capaces de observar alternativas para abordar el desafío. Reducir los costos de transacción para cotizar parece una alternativa viable, y que permitiría universalizar el ahorro de cara a la informalidad, el desempleo y la revolución tecnológica, por lo que es necesario analizar esta propuesta en su mérito.

AUTOR

Alfonso España.

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