Del Estado, el mercado y la sociedad

En búsqueda del balance. Así nos encontramos a más de un mes y medio de que el COVID-19 se tomara nuestro país. Hoy, cada actor busca cómo cumplir con su rol para lograr revivir esta sociedad. Por una parte, tenemos a un Estado que intenta con todas su fuerzas entregar un poco de normalidad en plena crisis; por otra, a un mercado que pide a gritos ser reactivado; y, además, se encuentra aquella sociedad civil que ruega ser considerada. ¿Pero quién sacará a Chile adelante?

Vivimos debatiéndonos si el Estado es quien debe hacerse cargo; si los privados son quienes deberían estar a la cabeza, o si debiésemos dejar que la sociedad civil decida todo. ¿Cuándo comprenderemos que en realidad no es ni uno ni el otro, sino toda la triada? La intervención estatal debe darse cuando su inactividad puede ser nociva; más aún en un contexto como el actual, en el que el Ejecutivo cumple un rol clave en ordenar y coordinar la generación de medidas que nos permitan enfrentar la crisis de la mejor manera posible -tanto en aspectos de salubridad, como en lo económico y lo laboral-.

Ahora bien, de nada serviría lo anterior si no comprendemos que las empresas también deben potenciarse en cuanto al espacio que ofrecen para la creatividad, la innovación y, en definitiva, para el progreso. Por ejemplo: ¿Quién cree que las nuevas vacunas se conseguirán más rápido y serán de mejor calidad, desde una organización centralizada? Las instituciones privadas proveen bienes públicos de manera más eficiente y mejores que los que podría proveer una institución pública, producto de la competencia y los incentivos que esta genera. O pensemos en aquellos cientos de emprendedores y fundaciones que, tras el desabastecimiento de las cotizadas mascarillas, comenzaron a fabricarlas por su propia cuenta. Esto último evidencia el valor de contar con una sociedad civil vigorosa, en la que las personas se cuidan entre sí, y en donde se valora el sentido de pertenencia, la confianza y la cooperación voluntaria. Restringir la acción de cualquiera de los tres actores antes descritos, sólo terminaría por desdibujar nuestra sociedad.

Nuevos desafíos invitan a buscar nuevas soluciones, resguardando lo bueno de las tradiciones que nos permitieron afrontar exitosamente retos pasados. Al contrario del libertinaje, el liberalismo reconoce que la libertad se ha de ejercer con responsabilidad -sin coaccionar o dañar a otro-, y realza el rol de cada una de las figuras de la sociedad, comprendiendo el valor que lo propio y lo diverso entregan a nuestra estructura y funcionamiento. Enfrentar los problemas, suplir las necesidades y encontrar respuestas que rompan con aquel status quo que muchas veces nos limita, son tareas que competen al Estado, el mercado y la sociedad civil. Como consecuencia, es tan importante limitar la propagación del COVID-19, como cuidar y fomentar la cohesión entre los ciudadanos. Sólo una acción conjunta, que revitalice los valores e instituciones que sustentan a una sociedad democrática y libre, nos abrirá camino en medio de una pandemia que amenaza con contagiarnos a todos y a todo.

AUTOR

Sebastián Izquierdo.

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