Error de etiqueta

Desde hace más de una década que podemos rastrear en la centroderecha de nuestro país muchas de las pretensiones de Joaquín Lavín. El cambio del edil no ha sido desde la derecha hacia la centroizquierda, sino más bien, desde una derecha tradicional hacia una liberal. Teniendo esto en cuenta, fue un error que usara una etiqueta cuyo origen es el socialismo para plantear la necesidad de una mejor red de protección social, habiendo bases teóricas para promover lo mismo desde una posición basada en la libertad, como de hecho lo hace Adam Smith, Amartya Sen y Elizabeth Anderson.

Pedir una mayor y mejor acción del aparato público, ser reformista o creer que hay que ampliar la red de protección del Estado, no es patrimonio de la izquierda. Incluso hay consenso en que la sola defensa del mercado como factor suficiente para abordar los problemas sociales representa una visión empobrecida de la subsidiariedad. En la práctica, si observamos los programas de gobierno de Sebastián Piñera I y II, podemos constatar que allí ya se expresaba gran parte de lo que hoy esgrime Lavín, tanto en diagnóstico como en promoción de políticas de carácter universal en materia de oportunidades y capacidades. En el primer programa se subraya la necesidad de construir una “sociedad de seguridades”, capaz de ampliar las acciones a la “clase media abandonada”, fortaleciendo “el rol del Estado en salud, educación, seguridad ciudadana y justicia”. Lo mismo se ve en el segundo, en donde además se señala que “la libertad se restringe si no tenemos los recursos y las condiciones necesarias para hacerla realidad y se resiente si los frutos del progreso se concentran en pocas manos”. Podría decirse que estas son ideas de izquierda, pero lo cierto es que en esta frase hay elementos liberales, tales como la desconfianza a la concentración del poder y el reconocimiento de la necesidad de ciertas capacidades para el despliegue de los talentos. Otro ejemplo se da en el programa de Felipe Kast, el cual resaltó la necesidad de construir un Estado para la ciudadanía y el compromiso de mejorar las oportunidades, con una ambiciosa agenda en materia de infancia y equidad comunal.

La socialdemocracia, por otro lado, es un término marcado por su contenido histórico, a pesar de que con el tiempo haya incorporado elementos liberales. Viceversa, el liberalismo también ha adoptado ciertas ideas socialdemócratas después de la Gran Depresión, siendo Roosevelt y Keynes los promotores de este cambio. Con todo, no son pocos quienes han dicho que la Concertación gobernó, en gran parte, con ideas de derecha.

¿Y qué hay del Ingreso Básico Universal? The Economist (2018) ha reconocido, en su manifiesto, que frente al escenario de la automatización laboral, podría ser una medida oportuna desde un punto de vista liberal, ya que evita el exceso de burocracia y provee un piso mínimo que refuerza la responsabilidad individual.

Nada de lo anterior ignora, por cierto, que el mundo vive hoy un claro fenómeno político, del cual Chile no se encuentra ajeno. Uno en que la distinción entre izquierda y derecha es cada vez menos rígida de lo que solía ser. Además, gran parte de la población ya no se identifica ideológicamente, lo que ha tenido consecuencias negativas para los partidos políticos, favoreciendo la emergencia del populismo. Al respecto, hay partes del discurso de Lavín que también colindan con esta ideología delgada, como lo es, por ejemplo, su relato sobre la élite y el pueblo. Sin embargo, estas son excepciones. Su posición, en la mayoría de los casos, representa un continuo dentro de la centroderecha, que me lleva a pensar que sus dichos del domingo pasado no son otra cosa que un error de etiqueta.

AUTOR

Sebastián Izquierdo R.

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