¿Enamorados del sistema de reparto?

El debate sobre el sistema de pensiones ha sido uno de los temas más debatidos en la opinión pública en los últimos meses. En esta discusión han surgido distintas visiones sobre las posibles reformas, siendo la más radical la de transitar a un sistema 100% de reparto. Esta propuesta ha ganado terreno gracias al trabajo de varios movimientos que lo han promovido como un sistema ideal.

Pero un cambio total de sistema no va a solucionar el problema de las pensiones por dos principales razones que no han sido defendidas con suficiente fuerza: primero, por la insostenibilidad de un sistema de reparto a lo largo del tiempo y, segundo, porque factores que afectan negativamente al modelo actual también lo harían con uno de reparto.

El reparto no es sostenible en el tiempo debido a que se basa en el siguiente paradigma: los trabajadores actuales financian las pensiones de los jubilados actuales. En Chile y en el mundo en general, cada vez habrá menos trabajadores activos por cada pensionado, lo que provocará un aumento en la carga de cotizaciones sobre los primeros. Ciedess representó de manera clara lo anterior, llegando a la conclusión en uno de sus análisis que, para mantener un equilibrio financiero en un hipotético sistema de reparto en Chile, cada trabajador debía cotizar un 55% de su sueldo en el 2080. ¿Queremos dejarles esa carga a las generaciones jóvenes? Me imagino que no.

Sumado a lo anterior, es importante considerar que el actual sistema de nuestro país ha podido hacer crecer los ahorros invirtiéndolos, al punto de que 65 de cada 100 pesos ahorrados por todos los chilenos corresponden a rentabilidad. En ese sentido, si traspasamos todos los fondos individuales actuales a un gran fondo de reparto, una ingente porción de dicho pozo va a deberse a la rentabilidad generada sobre esos ahorros en el pasado. Sin embargo, con el paso del tiempo, el fondo perdería ese “colchón” de rentabilidad al eliminarse dicho factor.

Por otra parte, los factores que perjudican al sistema actual también lo harían con uno de reparto. La baja densidad de cotizaciones, la reducida tasa de cotización, la informalidad laboral y el aumento de la esperanza de vida, son parámetros fundamentales para tener mejores pensiones que un sistema de reparto no va a solucionar por sí mismo.

Para tener una noción más clara sobre los sistemas de reparto es importante ver cuál es su situación en otros países. Por ejemplo, en España donde existe un modelo de reparto, los trabajadores aportan todos los meses el 28% de su salario al fondo y la tasa de reemplazo promedio es de un 82%. En nuestro país, con un sistema de capitalización individual donde se cotiza un 10% mensual, la tasa de reemplazo bordea el 40%. En palabras simples, en España se aporta casi el triple para obtener el doble. Y, además, el déficit provocado por el desequilibrio financiero del sistema de dicho país llega a 1,5% del PIB (16 mil millones de Euros) y se espera que siga aumentando. Por si fuera poco, en el país europeo es requisito haber cotizado al menos 36 años para obtener pensión completa o 15 años para obtener un monto parcial.

En Italia, el reparto se encuentra prácticamente en la misma situación: cada persona aporta un tercio de su sueldo al mes para su jubilación y la tasa de reemplazo es de un 90%, aproximadamente. Si comparamos con Chile, bajo esos parámetros de cotización la tasa de reemplazo en nuestro país sería muy superior a la italiana. Algo similar ocurre en Argentina donde el sistema ha dejado un déficit difícil de revertir incluso teniendo aportes mensuales de parte de cada trabajador de un 27% de su salario.

Las jubilaciones en nuestro país son muy bajas y no alcanzan para tener una calidad de vida mínima en la vejez. Eso es una realidad innegable. Pero eso no es argumento suficiente para promover un cambio de paradigma de nuestro sistema. Si bien es urgente modificar varias aristas de este tema, no es correcto hacerlo a costa de dejarle una pesada carga a nuestras no tan futuras generaciones. Los cambios tienen que venir, pero por favor no nos enamoremos de un sistema exclusivo de reparto, por muy lindo que nos lo hayan pintado.

AUTOR

Ariel Kauderer.

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