Empleo femenino: ¿basta con subsidios?

Recientemente, se ha anunciado el plan de subsidio a la contratación por parte del Gobierno, el cual compromete recursos por hasta US$ 2.000 millones, y que tiene por objetivo tanto disminuir las cifras de desempleo como aumentar las de participación en el mercado laboral. El programa, además, contempla un aporte diferenciado entre hombres y mujeres, siendo mayor para estas últimas. Esto, entre otros argumentos, se justifica al buscar evitar que, debido a su mayor presencia, los fondos movilizados sean captados desproporcionalmente por hombres.

Sin embargo, más allá de la generación de incentivos monetarios, es necesario tener en cuenta que, detrás de las bajas tasas de participación femenina existe una realidad que, si bien no es una novedad, no ha sido incorporada completamente a la discusión de política pública.

En este sentido, me imagino, a nadie debería sorprender el hecho de que las mujeres asuman de manera desproporcional la responsabilidad de labores domésticas no remuneradas frente a su contra parte masculina. Esto, no solo viene de una impresión basada en estereotipos obsoletos de género, sino que es una realidad que logra ser capturada parcialmente por algunas cifras. Por ejemplo, la encuesta ENUT muestra que, en el segmento etario de entre 25 a 45 años, las mujeres trabajan en promedio 2,25 horas no remuneradas más que los hombres. En el segmento de 45 a 65, esta diferencia es de 2,65. De manera más reciente, también se puede apuntar al hecho de cómo la encuesta Cadem revela que, de un 13% de encuestadas que admitían el 2019 no buscar trabajo por responsabilidades familiares, se llegó a un 23% el 2020.

Así, parece claro que este tipo de tareas resulta incompatible con la actividad laboral. Al respecto, se entiende también que el cierre de establecimiento educacionales y de cuidado infantil, y la consecuente estadía en casa durante toda la jornada de infantes y adolescentes, supone una carga extra asumida principalmente por las madres. Esto, por supuesto, no ocurre solo en Chile, sino que existe evidencia del mismo fenómeno en países como Italia o Estados Unidos.

Con ello, es claro que, si se busca incentivar la presencia femenina en el mercado laboral, es necesario contar con un marco de políticas que considere todos los aspectos relacionados a su decisión de participar dentro de él. De esta manera, si bien un programa de subsidios diferenciados es un paso en la dirección correcta, este tiene ser complementado con políticas que alivien el problema planteado anteriormente. Por ejemplo, se deben pensar en políticas de flexibilidad laboral, tanto para hombres y mujeres, que faciliten la repartición de tareas domésticas e incentiven la corresponsabilidad.

Adicionalmente, se necesitan considerar maneras de aumentar la provisión de cuidado infantil. En un contexto de pandemia, en el cual la oferta es nula, la formación y reconocimiento de redes de cuidado de amigos, familiares y vecinos supone una alternativa interesante que podría conllevar un menor riesgo sanitario, y de la cual existe amplia experiencia internacional. Naturalmente, pasada la pandemia, es necesario avanzar hacia un sistema de sala cuna universal.

Así, actualmente, el desempleo femenino es un problema multidimensional que amenaza con borrar años de progreso social y que afecta directamente al crecimiento del país. Sin embargo, en la medida en que sus aristas sean abordadas oportunamente, evitar este escenario y continuar cerrando la brecha entre géneros sigue siendo una posibilidad.

Autor:
Alfredo Maira.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest