Derrotas compartidas

El panorama político está completamente desvirtuado. Mientras vemos cómo todos hablan sobre los dichos de una diputada que se ha atribuido la exclusividad del proyecto de ley que permite un acceso anticipado a los fondos de pensiones, nadie parece recordar que este baile en el que estamos necesitó de un segundo para comenzar. En efecto, no fue solo la ambición de Pamela Jiles por “ganarle a la institucionalidad”, ni el deseo constante de la oposición por dañar al gobierno y levantar sus candidatos, los únicos incitadores de que se “ayudara” a los más necesitados con el desfondo de sus ahorros para la vejez.

Recordemos. Al poco tiempo de que el COLMED remarcara la necesidad de aumentar el bono para las familias más vulnerables, el Ministerio de Hacienda lanzó un plan económico de emergencia que superaba las expectativas, el cual fue elaborado por una mesa técnica de 16 economistas de diversas áreas y posturas. Así, tras un acuerdo mancomunado entre los académicos, distintos partidos y la autoridad, se llegó a la disponibilidad inédita de US$ 12.000 millones y, entre otras medidas, a una ayuda convenida de $100.000 por cada integrante de las familias más vulnerables.

Todo iba de acuerdo a las reglas, hasta que surgió la idea de un retiro “excepcional” de pensiones. Al poco tiempo de haberse alcanzado dicho acuerdo, los candidatos presidenciales Mario Desbordes y Joaquín Lavín, en contra de su propia coalición, alegaron que debía darse una mayor ayuda a la clase media por fuera de los instrumentos desplegados por el Ejecutivo -cuestión que hoy tiene a gran parte de dicho grupo sin fondos en sus cuentas para jubilar-. Tras su llamado de apoyo al retiro, terminaron por separar a la coalición a tal punto que la medida fue aprobada.

Luego vino el segundo retiro. Y el gobierno, a sabiendas de que ya no podía cerrar la puerta, decidió al menos buscar la reafirmación de la inconstitucionalidad de la medida en medio de una tónica en que varios de sus partidarios se daban vuelta la chaqueta. Después llegó el tercer retiro, y hace algunos días muchos vimos boquiabiertos cómo el Tribunal Constitucional desestimó el requerimiento de la actual administración respecto de la inconstitucionalidad de este “nueva” alternativa, evidenciando su descomposición institucional por conflictos internos de sus miembros.

Temo que esta no sea la historia del desmantelamiento de nuestra seguridad social, sino de cómo colapsaron nuestras instituciones. Si bien recientemente han propuesto rescatarlas fijando nuevos “mínimos comunes”, me produce cierto escepticismo el resultado pues aún hay una predominio sobre quién pone la rúbrica -ejemplo de esto es la nueva batalla por la autoría de la renta básica universal-. La miopía de algunos no les deja ver que el verdadero trasfondo de este esfuerzo debiese consistir en llegar con la ayuda sin sacrificar la institucionalidad, la democracia y el bien común, especialmente teniendo en cuenta que estamos ad portas de iniciar la construcción de una nueva Constitución. Ojalá ahí sí alcancemos verdaderos acuerdos, que esta vez seamos capaces de respetar.

AUTOR:
Sebastián Izquierdo R.

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