Conocimiento antes que impuestos

En medio de la mayor crisis del último siglo, y de una revolución tecnológica que está poniendo en jaque a todas las industrias, la carrera presidencial se ha centrado en ofertones, más que en un proyecto de desarrollo que nos permita generar la riqueza para financiarlos. La discusión pública se centra burdamente en cómo gastarse la plata y no en cómo crearla. La cúspide de nuestro aparato político-social está enfocada en la táctica, en vez de la estrategia.

Nadie podría negar que Chile tiene importantes necesidades en vivienda, salud, educación y seguridad pública, pero para implementar tan ansiados programas sociales, es necesario promover una economía pujante que permita recaudar más recursos públicos. Antes que gastarse los impuestos, se necesita crear y hacer crecer a las empresas que generan valor. Una mayor carga tributaría mal diseñada, sobre una economía aletargada, es una receta perfecta para una menor recaudación, y para caer en un círculo vicioso de frustración y empobrecimiento.

Elegir un proyecto político con ideas para gastar es fácil. Lo importante es elegir uno que plantee un proyecto serio de cómo evolucionar nuestra matriz económica a una más productiva. Sólo eso permitirá atraer inversión y talento para crear servicios que el mundo esté dispuesto a pagar. Es la única forma que permitirá una mayor recaudación fiscal en forma sostenible en el largo plazo. Subir los impuestos, sin fortalecer la economía, es una mala idea que se tropezará con ella misma en el corto plazo.

Nuestras tasas de productividad llevan una década a la baja, por lo que necesitamos hacer las cosas en forma diferente y avanzar hacia una economía del conocimiento, donde el factor clave ya no sean las materias primas, sino el conocimiento empaquetado en bienes y servicios. Aprovechar la creatividad y capacidades de una población cada vez mas educada y seguir los pasos de NotCo, Cornershop y Betterfly.

Avanzar decididamente hacia una sociedad del conocimiento es un desafío que está lejos de ser simple. Es un proyecto que necesita de una mirada de largo plazo, donde se planteen las instituciones, políticas públicas e incentivos para transitar a un nuevo equilibrio. Necesitamos hablar de educación, de ciencia aplicada, de coordinación público-privada, de inversiones híbridas, de capital paciente, de PYME más competitivas, de concatenación productiva, de economías de ámbito, de especialización y misiones país.

Llama la atención la escasez de propuestas en esta línea entre los candidatos que se presentan a las primarias presidenciales. Muy poco se habla de la economía del conocimiento y de plantear herramientas concretas para avanzar en ese camino.

Un desafío de tal magnitud necesita de políticas públicas a la altura. Es urgente construir consensos sobre cómo desarrollarnos. Entender nuestras oportunidades, para acordar una estrategia, y ser un polo de conocimiento en hidrógeno verde, astronomía, finanzas y minería. Para superar fallas de mercado, mesas permanentes de coordinación público, privada y académica, podrían ser un gran aporte. Promover carreras profesionales y técnicas según las proyecciones de mercado, para contar con el talento necesario y lograr un equilibrio más saludable en el mercado laboral. Poner los incentivos necesarios para atraer capital y promover la inversión en las industrias que generen puestos de trabajo de mayor productividad.

En fin, nuestro país no se desarrollará a punta de impuestos, pero sí podría hacerlo en base a talento y conocimiento.

AUTOR:
Tomás Sánchez.

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