¿Y si ahorramos mientras consumimos?

Llama la atención que la discusión y consenso alcanzado por la Cámara de Diputados en materia de pensiones haya sido brutalmente desechada por la oposición del Senado, considerando lo relevante de este tema, y sobre todo lo imprescindible que es la unidad para hacer las reformas profundas, sustentables y de largo plazo que el país necesita. Por las trivialidades políticas partidistas, se está inexcusablemente demorando una de las demandas primordiales de todos los chilenos: mejorar las pensiones.

Si bien hay consenso en que el 10% de la cotización actual no es suficiente, y que es necesario profundizar la solidaridad frente al gran drama que sufren las mujeres y los trabajadores independientes e informales con el actual sistema, hoy la discusión se ha enfrascado en el mecanismo de financiamiento que tendrán las pensiones.

En este contexto, últimamente se ha conocido la intención del gobierno de establecer una pensión básica universal, cuyo financiamiento provendría de aumentar el IVA. Si bien comparto el fondo, considero que esta política debiese nutrirse, principalmente, de la eliminación de aquellos privilegios que ostentan algunos mediante las exenciones tributarias, dejando espacio a la necesidad de un financiamiento responsable y sostenible, que requiere de la capacidad de ahorro de los propios cotizantes.

En el contexto actual de crisis, aumentar la pensión no solo se debe llevar a cabo por medio de una mayor tasa de cotización laboral; no olvidemos que este impuesto al trabajo trae implicancias perjudiciales en la creación de empleos formales. Al respecto, existe una propuesta innovadora que consiste en cotizar a través del consumo, en la que se paga en el precio del producto final el “Valor Previsional Agregado” (VPA), equivalente a un punto porcentual del costo del bien adquirido. Esto permitiría complementar la contribución obligatoria, abriendo la puerta a que aportemos a nuestros ahorros previsionales en situaciones cotidianas, desligadas de la posesión de un contrato, lo que es particularmente relevante si tenemos en cuenta que la regulación actual impone la obligación de cotizar sólo a un subconjunto de personas, generando abismantes desigualdades en las pensiones.

Es imperante que busquemos ideas desafiantes e innovadoras que permitan entregarles respuestas a quienes más lo necesitan, estableciendo también condiciones que impriman progresividad y responsabilidad fiscal a las medidas. Para el caso en cuestión, por ejemplo, si bien hay quienes creen que su aplicación podría considerarse regresiva, esto se revertiría al complementar el ahorro de los quintiles más bajos con los más altos. Claramente esta política no es la única que requerimos para perfeccionar el sistema de pensiones, pero es importante que podamos pensar más allá de la lógica de contribución laboral, ya que esta deja a más de la mitad de la población fuera del sistema, si es que consideramos a los inactivos, desempleados e informales; y es que sumar gente al sistema es tan importante como multiplicarlo.

 

 AUTOR
 Sebastián Izquierdo R.
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